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Placeres simple de la vida moderna

Digamos que la gente trabaja para poder (sobre)vivir de manera cómoda y, si el mundo lo permite, darse uno que otro gusto o los llamados ‘placeres’ verdad? Bueno, para los que tenemos menos lucas en el bolsillo, hemos tenido que acostumbrarnos a gozar de las cosas simples de la vida, lo que no quiere decir que sean menos placenteras. Aquí les dejo mis placeres diarios, esas activiades poco glamorosas que durante un segundo nos hacen sentir en las nubes… 1,2,3 GO!

Cortarse las uñas: Lo dije, es una de las cosas con menos glamour, e incluso si se llega a encontrar con residuos ajenos llega a ser asqueroso, pero con una mano en la cuchara: ¿No es la raja el momento en que esa incómoda garra del dedo chico del pie, que nos hace daño cuando vamos caminando por la calle, abandona de manera temporal nuestro malogrado cuerpo?

Sonarse: Invierno, lluvia, resfrío y todos habdando adsí. Obvio que además de la agradable tos de la noche vienen los compañeros estornudos y unos que jamás fallan: Los famosos mocos, loros o como sea que les llamen. Entonces señor lector, dígame una cosa ¿No son sencillamente grandiosos esos 2 o 3 segundos post-sonarse donde nuestras fosas nasales se encuentran despejadas y sentimos como si la frescura del Polo Norte entraran directo a nuestro cerebro, sin un Halls de por medio?

Ducharse después de hacer deporte: Osea, voy a suponer que después de hacer deporte, porque los pulmones oxigenados producto de actividad física no son mucho mi fuerte, a pesar que ahora último estoy tratando de ponerle color, pero eso es otro tema. Es tan espectacular sacarse la

“Mira mamá, la piel de una anaconda!… Oh, wait”

mugre del cuerpo mientras el agua nos recorre cual caída de agua recibe la vertiente de río, que al terminar la experiencia nos sentimos como nuevos. Sólo se me ocurre que es como cuando las serpientes dejan su piel que parece condón por una nueva. ¡Un aplauso para la sabia naturaleza!

Ir al baño con ganas: Saliste a comer, abusaste del cheque de restaurante o del tenedor libre, además le pusiste weno al postre y el perla le sumó un café. Minutos después sucede lo impensado: un cosquilleo en la panza (no, no es una canción de Arjona) pero no de amor, si no que de algo parecido, dolor (</3) y para peor cachai que el baño del lugar no tiene pestillo y que falta un buen rato pa llegar a la pega o casa. Minutos de infierno que sólo son recompesados en ese momentos de inflexión en nuestras vidas, donde el tiempo se detiene y bajamos kilos que ni el mejor cirujano nos podría quitar tan rápido. Después caminamos con la sensanción de flotar sobre el piso. Mágico.

Escuchar nuestra canción favorita en la radio: Si sé que estamos en el 2012, que hay mp3, teléfonos, discman (?), streaming y cuanta cháchara para escuchar nuestra música, pero hay algo que es impagable: Saber que, al igual que tu, hay miles de pelotudos escuchando esa canción al mismo tiempo, con la misma interferencia producto de la mala repeción de la señal. Es ahí cuando nos damos cuenta ‘Que tremenda la tecnología como conecta a la gente, y pensar que esto pasa por el aire!’ (Bueno, quizá no lo piensan, pero es tiempo de reflexionar al respecto)

Salir a dar una vuelta en el Ferrari a 180 km/h por la costanera: Que? ustedes no lo hacen?

Ver minas ricas en la calle: No sé si para las mujeres será igual, pero caminar en primavera y ver una mina con un vestido, bien arreglada y bonita caminando por la calle es casi tan maravilloso como encontrarse 10 lucas. Mmm, Ok, las 10 lucas son mejores, es que agrada la vista ver un espectáculo así, son unos minutos donde todos nuestros problemas desaparecen, el mundo se pinta de

‘Bemga mi prinzezitààààh a los vrasos de su bellakitòòò”

colores y mariposas, a ella le salen rayos de luz de dudosos lugares y hasta suena música de fondo. Lástima que todo se interrumpe cuando cachai o que está conversando con un gremblin que es su mejor amiga o que pololea con el hipster-picado-a-alternativo-pero-que-en-verdad-es-un-pokemon-2.0 que está en la esquina o con ese cuma que le chupa hasta la garganta con el beso que le chanta en la jeta cuando la saluda.

En fin, quizá no sean los gustos más elegantes del mundo, ni mucho menos son cosas por las que nos esforcemos más de la cuenta, sin embargo son pequeñas acciones que mientras duran, nos hacen tocar el cielo, abrir nuestros brazos y tomar todas las estrellas del firmamento que titilan felicidad a la galaxia. (Bueno, quizá no tanto)

Y usted estimado click lector ¿Tiene algún placer simple que compartir, ya sea éste limpiarse las orejas, los clásicos  “5 minutos más” o despertarse a mitad de la noche, cachar que son las 2 am y saber que queda toda la noche por delante? Aquí tiene espacio para explayarse.

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